Blogia
marginet

Ya soy donante (... y tres, yeah!)

Vale, es cierto que no escribo nunca en este blog (he prometido tablaturizar "O son do Ar", explicar la historia del Ornitorrinca, y contar bien pero muy bien mis sentimientos con mi nueva guitarra), pero esto es necesario contarlo, para cerrar el ciclo.

Hoy he donado sangre (yeah!)

Mi querida hermanita me dijo hace dos semanas que en su universidad de biólogos, donde ella estudia Medio Ambiente (o eso dice), esta semanita había reunión de vampiros.

Y nada, que hoy, al salir del trabajo, he recorrido la mitad de mi trayecto tranviero hasta casa a patita, para entrar en el laberinto boscoso que llevaba a dicha Universidad. Y claro, la historia se repetía:

Sergio llega sudando, con el corazón a cien, y le dan un papel que ya ha rellenado dos veces antes.

- ¿Has venido alguna vez a donar sangre?

Este pringao debería decir que no, pero va y dice:

- Buenu, sí dos veces, pero no me la cogieron (este pringao es incapaz de mentir, y menos ante una bata blanca, y lo que es peor, es incapaz de quedarse callado)

- ¡¿Y por qué ***** no han querido tu sangre?! 

Y este pringao va y explica los dos capítulos anteriorermente publicados en este blog... Y la enfermera, al anotar mis datos se da cuenta de que es cierto, y tienen mis antecedentes sanguíneos. Mi pulso es acelerado, sudo, y estoy lleno de hemoglobina y con más hematócritos que un ciclista positivo. Parece que paso la prueba...

Pues nada, me preguntan si he comido, y les digo que sí, pero hace mucho. Y, por tanto, me dan un zumito. Los que estaban en cola flipan, y me preguntan si ya he dado sangre, que qué rápido soy, collons.

Una vez cargado mi depósito de piña, me dirijo a la camilla, con mi papel de persona apta para donar sangre. La chica (que me da una gran confianza, porque se parece horrores a una excompañera de trabajo que también me inspiraba enorme confianza) me ve muy nervioso (soy transparente, qué le voy a hacer), y me pregunta otra vez todo lo que ya me han preguntado, lo que conlleva otro zumo de piña.

Bueno, pues ya listo, me tumbo, y  proceden a inyectarme la cánula para extraerme el zumo de piña que corre por mis venas. La chica dice que estoy hipernervioso, porque sudo y tremolo, y me pregunta el motivo (si yo lo supiera...). Pero bueno, al final me deja medio convencida, tumbado en medio de esa facultad llena de plantas y de alumnos que se asoman por las escaleras para mirarme. Y me harto de que todo el mundo me mire, y me dedico a guiñar el ojo a todos (bueno a todas) las curiosas. A alguna le hizo gracia, mira tú.

Cuando acaban de exprimirme, me preguntan si estoy mareado (Nota: la mejor manera de ponerme nervioso es preguntarme: ¿estás nervioso. Con lo de mareado, pues mas o menos igual) El resultado a este pequeño interrogatorio es otro zumo, esta vez de naranja.

Cuando están más o menos convencidos de que no voy a desmayarme, paso al comedor a (adivináis) tomarme otro zumo (yeah!) y, bueno, una pasta. Una vez recuperadas las fuerzas, estoy listo para marcharme. Antes de irme, me preguntan como vuelvo a casa, me dicen que obligue a los pasajeros del tranvía a dejarme sentar, me regalan otra braga para el cuello, un vale para un helado, una botella de agua, y me obligan a llevarme otra pasta y otro zumo. El zumo me lo tomo en el tranvía, con la satisfacción del deber cumplido.

1 comentario

delicuescencia -

qué suerte!! a mi siempre me quitan sangre y nunca me dan nada ;-)